La Redención (2018): La hermandad en las trincheras




Luego de cruzar miradas en el velorio de un camarada ex combatiente, José Villalba recibe la visita de Marlene, la nieta de otro ex camarada muy amigo suyo. Ante su insistencia, Marlene y José viajan juntos en búsqueda de información acerca del paradero del abuelo. A lo largo del viaje, van desenterrando el pasado de una amistad forjada en las trincheras de la Guerra del Chaco.
Al margen de pretender ser una película histórica, La Redención se aleja de las batallas y de los enfrentamientos bélicos para acercarse a esos momentos de patrullaje solitario de los regimientos, donde, entre la sed y el hambre, las relaciones entre los soldados se construían a la par que la guerra los moldeaba en pensamiento y postura política. Y es esa dinámica de grupo entre Díaz, Villalba, Ortiz, Sanabria y González que va creciendo de tal forma que pasan de ser extraños unidos al azar por la guerra a convertirse hermanos, porque al fin y al cabo son personas las que pelean las guerras.
Ahora bien, y esto ya una cuestión de gustos, los momentos determinantes en la película que marcan un giro en la historia o suponen una revelación para los personajes, se dan casi con exclusividad a través del diálogo obvio (y en ocasiones un tanto repetitivo) cuando no dejo de preguntarme si no hubiese sido mejor mostrar antes que contar, e hilar el pasado con el presente de otra manera para evitar confusiones de identificación de los personajes.
Con actuaciones geniales del reparto principal, en especial los camaradas del elenco de la guerra que se desenvuelven ante cámara con una naturalidad envidiable y la talentosa Lali González, la película es un homenaje a nuestros ex combatientes pero es también una redención para ellos y un grito desesperado por salvar sus historias antes de que pasen al olvido.

Una escena: Cuando el soldado Villalba se enfrenta cara a cara con un soldado boliviano.
Una recomendación: Latas Vacías, también de Hérib Godoy.


#unapeliculaunaescena

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