The Miseducation of Cameron Post (2018): El amor propio sobre el abuso psicológico
Cameron, huérfana de madre y padre, quien asiste
todos los domingos a la escuela de la iglesia, esconde un secreto: tiene una
relación con su mejor amiga Coley. En la noche de graduación, este secreto sale
a la luz cuando un compañero descubre a ambas semidesnudas en un auto y de
inmediato Cameron es enviada a un campamento de conversión anti-gay evangélico
que lidia con adolescentes que padecen “atracción al mismo sexo” tal como si
fuera una aberración maligna. En el centro, ella navega entre rendirse al
lavado de cerebro o resistir a los abusivos juegos psicológicos encabezados por
la siniestra Dra. Lydia, jefa del centro.
Situada en los ’90, si bien muchas cosas han
cambiado, la película no deja de ser actual y de poner en tela de juicio la
naturaleza macabra de estos centros de conversión que increíblemente siguen
existiendo. Sin ir tan lejos, en octubre del año pasado el distrito de Mariano
Roque Alonso se declaró como la primera ciudad anti-gay del Paraguay[1],
con el apoyo de la Junta Municipal e instituciones religiosas. Como olvidar
aquella tesis universitaria que caracterizaba a la homosexualidad como un
trastorno[2].
La lucha de Cameron por aceptar que sus deseos no
deben ser “curados” versus la culpa impuesta de modo ridículo y autodestructivo
es testigo de cómo estos programas encubiertos bajo la hipocresía religiosa exigen
a los adolescentes a extirpar una parte esencial de sus vidas. A través de
diversos personajes, algunos convencidos de que pueden cambiar y otros
frustrados por la represión insufrible, queda el claro mensaje de aceptación y
amor propio versus los más conservadores que la homosexualidad puede ser
“tratada”.
Desiree Akhavan nos narra esta historia con sublime
sensibilidad; por momentos desgarradora, por momentos cómica donde los
instantes más penetrantes son capaces de sobrecargarnos de ira o liberarnos con
un suspiro. El sabor que te deja la película se compara con unas ganas
indescriptibles de querer rescatar a los chicos del centro y gritar al mundo
entero que la única enfermedad aquí es la tóxica intolerancia.
Tal como Cameron buscaba refugio en las películas
lésbicas, tal como yo sobrellevé la adolescencia aferrada a buscar modelos de
personajes en dichas películas con las cuales relacionar lo que estaba
sintiendo, tengo la certeza que The Miseducation of Cameron Post será invaluable
para la juventud LGBTQ, y, ojalá, para sus respectivas familias.
Una escena: la secuencia del iceberg
Una recomendación: Appropriate Behavior (2015) de
Desiree Akhavan

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