Rara (2016): un relato cálido y melancólico de una familia en crisis
Nuestra protagonista se nos presenta de espalda,
merodeando el patio de su colegio. De fondo, borroso y distante, otros chicos
juegan, bromean y chismosean. Con esta secuencia inicial, se plantea la
narrativa estética de Rara, el primer largometraje de Pepa San Martín. Sara, a
punto de cumplir 13 años vive con su hermana Cata, su madre Paula y su pareja
Lia y a través de ella observamos la cotidianidad de su día a día mientras, en
un difuso segundo plano, una serie de conflictos que se desencadenarán a raíz
del cuestionamiento injusto que hace la sociedad conservadora acerca de una
familia diferente.
De todos los puntos de vistas posibles a través de
los cuales se pudo haber relatado esta historia, la directora elige narrarlo
desde el punto de vista de la hija adolescente Sara, quien además de
enfrentarse a los conflictos propios de la edad, es consciente de los susurros
y comentarios que recorren los pasillos del colegio. A través de la mirada
inocente de las hijas, la emotiva historia conmueve más allá del mensaje de
injusticia social, sino que exhibe a consideración de la sensatez y la sensibilidad
del espectador la difícil transición a la madurez, la preocupación desmesurada
del padre ausente, la vulnerabilidad de la hija menor, y la tensión consecuente
entre la pareja y la madre.
Basada en el caso real de la jueza chilena Karen
Atala, Rara es un retrato cálido y melancólico de una familia como cualquier
otra pasando por una crisis.
Una escena: la primera, cuando Sara recorre el colegio.
Una recomendación: The Kids are All Right (2010)

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