La Nuit a dévoré le monde (2018): Nada más tenebroso que la soledad y el aburrimiento




Nada puede ser más tenebroso que la soledad y el aburrimiento. Incluso en un mundo infestado de zombies, ni el hambre voraz de los muertos vivientes al acecho de carne humana puede superar el fastidioso aislamiento y la noción de ser, tal vez, el único sobreviviente del apocalipsis.
Basada en la novela de Pit Agarmen, Sam, un músico solitario asiste a una fiesta en el departamento de su ex novia con el propósito de recuperar unos casetes viejos solo para emborracharse demás y quedarse dormido en una habitación. Al despertarse, Sam descubre que la ciudad entera ha sido devorada por zombies y se encierra en el departamento a la espera de sobrevivir la plaga.
Una inteligente decisión de parte del director es el acertado uso de los silencios: estos zombies no gruñen ni hacen los típicos ruidos guturales tan característicos de películas del género, sin embargo deambulan en silencio con el ocasional crujido de sus huesos. El silencio se convierte así en un elemento frágil cuya rotura implicaría malos hechos. Irónicamente, la vida de Sam antes cargada de música y sonidos da un giro completo ya que él deberá acostumbrarse a sobrevivir en una muda existencia, sigilosa y oculta a los oídos de los sensibles muertos vivientes.
Con una secuencia que me recuerda a 28 days later (2002) de Danny Boyle, la obra de Dominique Rocher es un ensayo sobre la supervivencia y existencia humana, y las consecuencias del cansancio que provoca el aislamiento. Cuando todo está perdido, ¿qué nos motiva a sobrevivir?

Una escena: Cuando Sam despierta y sale a la calle
Una recomendación: The Suvivalist (2015)

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